23 de abril de 2009

Mr. Bang

El señor Bang ha cambiado mucho, y ahora -y ayer, y mañana- tanto tiempo después, ha olvidado sus orígenes, su memoria esta hecha de retazos, todos ellos residentes –que se sepa- en un punto ínfimo de si mismo, desde donde se cuestiona su propia identidad…

- ¿Soy o no soy? - se pregunta el señor Bang.

- No sé – se responde a si mismo Big.

7 de abril de 2009

Videojuego

Se llamaba HdlR y era un programa muy complejo, en realidad era una fusión de cientos de miles, quizá millones, de otros programas y su característica principal era que enlazaba unos con otros con asombrosa perfección. No era exactamente un videojuego, aunque de ‘juego’ tenía mucho, casi todo, y también bastante de ‘video’, especialmente si vamos al origen latino de la palabra -video, videre, videvim, videtum- ver.

Podías saltar de un juego –un programa- de guerra a otro de estrategia, y de este a uno de convivencia sin darte cuenta de haberlo hecho y cuando tras muchos saltos de uno al otro y de este al primero por fin comenzabas a tomar conciencia de estas transiciones de nuevo volvía la confusión, pues entonces te encontrabas jugando a un nuevo juego en el que se combinaban a la perfección los tres anteriores, con lo que la complejidad del mismo de nuevo te hacía olvidar los saltos, pues la concentración requerida para desarrollar destrezas en moverte en ese nuevo juego era tal que no podías ser a la vez consciente de estar jugando, sencillamente jugabas. Y de nuevo empezaba el ciclo, una vez adquiridas las habilidades necesarias en el siguiente nivel de complejidad comenzabas por fin a tomar conciencia de estar jugando, e ibas directo a perder esa conciencia en el nivel siguiente en el que te encontrabas, sin darte cuenta, y así una y otra vez.

Hasta que por fin desarrollabas la habilidad necesaria para ser un gran jugador, un jugador experto, una especie de Neo en Matrix, la capacidad de pasar de un juego a otro –aunque no era tu voluntad consciente la que hacía que esto ocurriera- sin perder nunca la conciencia de estar haciéndolo, y sobre todo, sabiendo todo el tiempo que estabas jugando.

Y es ahí donde aparecía el fin último del juego, pues entonces llegaba el hastío y el agotamiento y lo único que deseabas con todo tu ser era dejar de jugar. Era ahí cuando debías decidir perder el miedo, todos los miedos, y elegir dejar de jugar el programa de programas, el juego de juegos, el de todos los mundos imaginados por otros y saltar al vacío, al nivel cero de realidad, la tuya. Y para conseguirlo no era suficiente ser buen jugador, ni siquiera ‘realmente’ bueno , lo importante era ser valiente y decidido, consistía más bien en lo contrario, en olvidar todas las habilidades adquiridas y dejarse llevar, sin miedo, como un intérprete de jazz en un momento maestro.

Y entonces..., me he despertado, y me he sentado en la cama mirando al suelo un rato…, que pesadilla, ¿HdlR?, ¿Huir de la Realidad?, ¿estaba soñando?, si, estaba soñando. He hecho café y me he puesto a escribir, no para revivir la pesadilla, más bien para lo contrario, creo.