16 de noviembre de 2021

Mi hija

Ayer mi hija pasó por casa “a coger unos libros”, no la esperaba y por eso me alegró aún más, aunque no estaba muy comunicativa, ya se iba murmurando un “taluego” en el pasillo. Me inventé una excusa para charlar.


-        ¿Vienes el domingo a comer?

-        No sé.

-        ¿Estás bien?, ¿te pasa algo?

-        No me pasa nada ¿qué me va a pasar? ¿me tiene que pasar algo?

-        Perdona pi…

-       

-        Ya avisas si vienes al final, si vienes muy bien, y si no también…

-        ¡¿Qué?!

-        Porque en el segundo caso me como tu ración de croquetas.

-        A lo mejor …papá, igual… ¿igual…? ya habías captado que no estoy de “humor” para tu “buen” humor, graciosete cansino…

-        ¿Yo, “capt”-qué? nada de nada he captado hija mía, en ab-so-lu-to, si estás que te falta bailar claqué de alegría…

-        ¿Claqué?, me estás…me, me pones… ¿sabes que a veces también se puede tener un día de mierda y no pasa nada por no sonreír o bromear?.

-        Si, supongo, mmm ¿se puede?, déjame pensar.

-        Oye mira…, déjame en paz, me voy.

-        ¡Eh eh espera!, ¿sabes que estamos por aquí unos cuántos a los que nos encantaría que…?

-        ¿Qué?

-        Que nos soltaras tu mierda.

-        …¿Ah si?

-        Si.

-       

-        Venga.

-        ¿Venga qué?

-        ¡Enmierdame!

-        ¿Qué te “enmierde”?

-        Si, enmierdame mucho cariño.

-        Que idiota eres.

-        ¿Y ahora de que te ríes pitufa?

-        Eso digo yo…

-        ¿Y ahora por qué lloras?

-       

-        Eh, estoy aquí, en serio…

-       

-        Llora lo que tengas que llorar

-       

-        Pero no me mojes mucho el hombro que la camisa es de las buenas…

-        Bobo…, papá…

-        Dime hija.

-        Nadie me va a querer nunca.

-        ¿Ah no?

-        No.

-        ¿Qué ha pasado?

-        Ignacio y yo lo hemos dejado, bueno, lo ha dejado él, me ha dejado .

-        Lo siento mucho.

-        Ya te dije que estábamos mal, pero pensaba que lo arreglaríamos como otras veces, pero no quiere intentarlo de nuevo.

-        ¿Tú si quieres?

-        Si, yo le quiero, pero él a mí no.

-        ¿Y por eso nadie te va a querer nunca?

-        Si, y porque no entiendo nada, no sé querer, no sé hacer que me quieran.

-        Si que sabes mentirosilla.

-        ¿Tú que sabrás?

-        ¿Yo?, ¡buf!, yo sé mucho, si sabré yo lo que sé…

-        Un listillo es lo que eres tú.

-        También, y como listillo que soy sé que esto pasará y será para mejor, seguro.

-        Pero…

-        ¿Pero?

-        Es que no entiendo, dice que me quiere pero que no quiere seguir conmigo, en realidad yo creo que no me quiere ni me ha querido nunca, ha sido todo una mentira.

-        Si te quiere., claro que te quiere.

-        ¿Ah si? ¿si verdad? Entonces porque…

-        Te quiere pero no te quiere querer.

-        ¿Cómo?

-        Puedes querer a alguien pero no “querer quererle”, elegir no seguir queriéndole, elegir dejar de “elegirle” cada día.

-        Que complicado.

-        No tanto, querer a alguien se compone de mil cosas, emociones, deseos, visiones, etc. pero hay dos cosas básicas; “querer” y “querer querer”, si una de las dos falla en uno de los dos, casi siempre la segunda, se acabó.

-        Pues… ¡yo le quiero y quiero seguir queriéndole!

-        Te comprendo pitufa…, pero él no, tienes que aceptarlo, tiene que ser mutuo.

-        Supongo, pero…

-        Llevabais mal mucho tiempo, tú misma veías problemas, no compartíais ni aficiones, decías que a veces era cuadriculado.

-        Si…, pero es, …era “mi cuadriculado”.

-        Ya…

-        Me siento fatal, no sé cómo voy a superarlo… ¿por qué no me quiere?

-        ¿Por qué le quieres tú a él?

-        Ya te lo he dicho, y… voy a luchar por él.

-        Bien, es una opción, pero mira, no sé…, piensa…, quizá no te va a ayudar mucho pero en fin, ¿mereces estar con alguien que no te quiera, que no te quiera “del todo”? ¿no es faltarte a ti misma al respeto? ¿alguien merece eso?.

-        Puede ser…

-        Ahora tu primera tarea es asumirlo, aceptarlo.

-        ¿Y cómo se acepta algo así?

-        Yo una vez hice un cartel..

-        ¿Un cartel?

-        Si, con veintipíco años, los que tú tienes, lo hice bien grande y escribí en mayúsculas: “NO TE QUIERE”, y lo miraba cada mañana, dolía, pero me ayudó.

-        Ya te vale, muy gráfico si, siempre con tus auto teatros y mini dramas, ¿y es cuando leíste todos esos rollos del laberinto emocional y eso?

-        Laberinto sentimental.

-        Bueno eso, y el arte del amor.

-        El arte de amar.

-        Vale, esos que no pienso leer, tío plasta…

-        Up to you Darling…

-        Que si viejuno…, que ya sé que controlas de inglés muchas frases hechas…

-        ¿Me? mogolloning.

-        Oye…

-        ¿Qué?

-        … Gracias, ya me iba, pero estoy un poquito mejor.

-        Gracias las que ud. tiene señorita.

-        ¿Te he enmierdeado mucho?

-        Un poco, pero poquiño, y me gusta hasta el olor, no te digo más…

-        Iba a escribirle una carta.

-        ¿A quién?

-        A Ignacio.

-        ¿Una carta al imberbe?, que antigua ahora tú.

-        Hacía mucho que no le llamabas así.

-        Bueno, pero lo seguía pensando, es un imberbe, un imberbe majete a veces pero un imberbe, que quieres que te diga, no le sale la barba.

-        Ahora ya no.

-        ¿No qué?

-        No le voy a escribir…, ¡igual me hago un cartel!

-        No te pega, nunca has puesto nada en las paredes, solo en los cuadernos, montoooones de cuadernos…, con montones de dibujos, y de letras, letras pequeñíiisimas, letras enormes, letras rarísimas…

-        Si, no me pega pero vete a saber, no siempre tengo que ser tan diferente a ti.

-        Vale vale, lo compro.

-        Oye, ¿te cuento un secreto?

-        Dime.

-        Si me gustaba.

-        ¿El qué?

-        El claqué.

-        ¡¿Eh?!, sabía yo…

-        Que aún así “conticoneso” sigo pensando que a quién se le ocurre meter a una clase de claqué llena de adultos a una niña de diez años…

-        No duraste ni cuatro meses.

-        Claro, se reían de mí por todos lados.

-        Si ¡sorry!, o sea ¡perdón!, si…, se me fue la pinza, era mi sueño, no el tuyo, pero… ¿de verdad te gustaba?, me odiaste, no me permitiste llamarte pitufa en mucho tiempo, por cierto, ahora lo he hecho un par de veces, tres con esta creo…

-        Ya, me he dado cuenta carapapa…

-        ¿Eh…? ¿cómo? ¡carambaina!.

-        ¡Papafrita!

-        ¡Pitufa!

-       

-       

-        Te quiero puñetero.

-        Te quiero pitufa.

                        

-        Oye, espera…, papá…, ¡papá!

-        ¿Qué?

-        Estaba pensando… ¿vas de padre perfecto no?

-        Bueno, así…, aquí es fácil.

-        ¿Cómo “así”, cómo “aquí”?

-        En un texto escrito.

-        ¡Ah, ¿estamos fuera?!

-        Eso parece si.

-        Qué bien, me hace ilusión.

-        Me alegro.

-        Bueno, lo que decía, demasiado perfecto, y pelín paternalista…

-        Si, es verdad, siempre he sido un ñoño.

-        Papa…

-        ¿Si?

-        ¿Qué cara tengo?.

-        ¿Cara…?

-        Si, rostro, ojos, boca, nariz, mofletes…

-        Muchas mezcladas.

-        Y… ¿cómo me llamo?

-       

-        Papá, ¿cómo me llamo?

-        Te…

-       

-        Te llamas… Nerea.

-        Es bonito, ¿de existir me habría llamado así?

-        No habría sido mi decisión exclusiva pero es probable.

-        ¿Y quiere decir algo?

-        Si, “Mía”.

-        Qué posesivo.

-        Bueno, lo supe después, me gustaba la sonoridad y como suele ocurrir lo asociaba con alguien real, pero también me gusta, Mia, mi hija.

-        Me ha dolido.

-        ¿El qué?

-        Lo de “real”.

-        Lo siento…

-        No seas tonto, estaba de broma, yo soy real para ti, basta con una.

-        ¿Con una?

-        Si, da igual que seas “real” para millones de personas, como el Quijote, o solo para una, como yo para ti, los seres imaginados somos así, versátiles hasta en eso, podemos influir sin tener carne incluso más que vosotros, podemos ser hasta más po…

-        ¿Po…?

-        No importa…

-        ”Po”…¿qué? ¿potentes?

-        Si, potentes, poderosos…

-        Si, supongo que sí, tenéis el poder de transformar el mundo y a la gente más que la mayoría.

-        Bueno, eso el Quijote.

-        O Sancho Panza…, cervecera…

-        Eso.

-        Eso pues.

-        Oye, ahora que lo dices..

-        ¿Qué digo qué?

-        Lo de “pues”.

-        Ah.

-        Si estuviera ahí contigo…

-        Lo estás.

-        Ya, pero digo… si estuviera ahí, hecha de carne, de hueso y de un poquito de ansiedad nerviosa, como tú por ejemplo…

-        Puñetera, pitufa puñetera carapapa…

-        ¿Qué sería diferente en esta conversación? ¿o sería similar?, ¿quizá la habría tenido con mi madre? ¿estaría menos idealizada?

-        No sé, la verdad…, no lo sé.

-        Es que me gustaría ser más real, al menos para ti, dime.., dame algo papá, por favor…

-        Pues ahora que lo dices…

-        ¡¿Qué QUÉ?!!

-        No me llamarías papá.

-        ¿Ah no?, ¿te llamaría …”Manolo”? ¿como si fueras el padre de otra?

-        ¡Eso prohibido!, prefiero Manuel.

-        Bueno bueno vaale, ¿entonces cómo te llamaría sr. Manolo?.

-        Me llamarías aita, ya sabes que soy, …que somos, de origen vasco.

-        Ah, me gusta, gracias… ¡¡gracias …aita!!

-        De nada Nereita.

-       

-        ¿Te has emocionado?

-        Un poco…

-        Yo también.

-        Si, vamos a ir dejándolo por hoy ¿no?, ¿hasta cuando?

-        No lo sé, pero ya lo sabes…

-        Si, lo sé, estoy ahí contigo, y moriré contigo, eso dices siempre, aunque es la primera vez que lo escribes.

-        Y otra cosa…

-        ¿Qué?

-        También…, de vez en cuando, sólo de vez en cuando puedes llamarme “Aitacho”.

-        Ah, vale, ¿pero no se escribe con “tx”?

-        Mmm… no, con “ch” de “achuchón”.

-        Genial pá…, genial aitá.

-        Hasta la próxima, te quiero Nerea, te quiero pitufa.

-        Taluego, te quiero aitacho.




4 comentarios:

Dyhego dijo...

Ay, esos hijos que van y vienen.
Salu2.

Granito dijo...

Si Dyhego, no paran, sobre todo los que nunca vinieron...
Un abrazo.

Unknown dijo...

Profunda persecución del imaginario

FURIO dijo...

No sabía que te gustaría recibir clases de claqué. Imaginación para seguir siendo el protagonista de tu vida también en tu interior.